Hoy en la mañana escuchaba en la radio que el Parlamento europeo había dado luz verde para que el presidente de su Comisión firmará el acuerdo comercial con el Mercosur, después de 25 años de arduas y lentas muy lentas negociaciones.
Rápidamente, el Mercosur es un bloque económico integrado por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela países con lazos culturales, geográficos, políticos, económicos tan fuertes como la diferencia enorme que existe entre sus economías.
Este tema tan importante y relevante me ha hecho pensar en algunas cosas:
Más o menos, pasada la mitad de la década de los 90, en pleno auge de la globalización, aún cuando esta ya se había dado unos tumbos producto de las borracheras provocadas por el Tequila y el Vodka, así como del desmadre que provocó el Dragón asiático, México, ya un poco más recuperado y endeudado hasta las siguientes 6 generaciones, se convirtió en el más “propugnaz” (permítase el neologismo) impulsor del libre comercio; firmando con casi todo el mundo -menos China- cualquier cantidad de acuerdos de libre comercio.
Además de aquel no tan lejano TLC, que entró en vigor ese fatídico 1 de enero de 1994, México había logrado firmar un tratado comercial con la Unión Europea, un gran logro ya que para firmar con ellos era necesario acreditar un régimen democrático -ja ja-, respetuoso y garante de los derechos humanos de sus habitantes, algo que el régimen priista encabezado por Ernesto Zedillo -convertido hoy en el adalid de la democracia mexicana- no necesariamente podía presumir, básicamente en ninguno de esos aspectos -ahora que lo pienso, ni el económico del que se supone el presidente era docto-.
Pues bien, ya desde entonces -finales del siglo pasado- se sabía que la Unión Europea no negociaba con regímenes no democráticos -la excepción mexicana confirmó la regla “moral” europea-, ni tampoco con bloques comerciales -como el Mercosur, por ejemplo-.
Por alguna razón (tal vez vientos de augurios poco venturosos provenientes del lejano oriente), los europeos decidieron iniciar el siglo con negociaciones con una región convulsionada social y políticamente, generadora de pobreza por montones pero con un gran potencial comercial y una, más grande aún, reserva de productos primarios.
Pues bien, al parecer, después de 25 años lograron ponerse todos de acuerdo (los países de la UE y los países del Mercosur) y terminar un documento que al parecer, sí les gustó por fin a todas las partes.
En un momento en el que: 1) el mundo ha cambiado completamente desde que inicio el siglo XXI y con él, las negociaciones entre estos dos bloques; 2) el comercio sigue siendo un pilar de la economía internacional, pero ya no ese libre comercio que causó guerras (v.gr. la segunda guerra contra IRAK); 3) la globalización se ha derrumbado o esta e ese proceso y 4) Europa se ha perdido en la indefinición económica, política, moral y un sinfín de etcéteras.
Si a esto le sumamos que el permiso es solo para firmar el tratado y que todavía tendría que pasar por los procesos de ratificación correspondientes, no puedo dejar de pensar que, efectivamente, sigue siendo tarde…
—-Alexred—-
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